El 1 de octubre de 2010, el ciclista olímpico Attilio Pavesi cumple 100 años. Y el Presidente de la Republica Italiana, Giorgio Napolitano, le rendirá homenaje con una medalla y una dedicatoria. Un prestigioso premio para el campeón olímpico de ciclismo de carretera nacido en Caorso (Piacenza). Attilio Pavesi como aficionado ganó dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de 1932 en Los Angeles en la prueba individual con cronómetro, de más de 100 kilómetros, y en la clasificación por equipos, junto con Giuseppe Olmo y William Segato.
Al estallar la Segunda Guerra Mundial se encontraba en Argentina, donde había participado en los Seis Días de Buenos Aires. No había barcos para regresar a Italia, entonces decidió instalarse en la ciudad de Sáenz Peña, donde abrió una tienda de bicicletas y organizó diferentes competencias. A los 93 años, en 2003, volvió a visitar a su Caorso natal durante unos meses. De regreso en Argentina, reside cerca de su hija Patricia, en una residencia para ancianos en la localidad de José C. Paz, a unos treinta kilómetros de Buenos Aires.
Cada año en Fiorenzuola de Arda, en estos días de julio, tiene lugar los “Seis días de las Rosas” en el mismo velódromo inaugurado en 1929 por Pavesi y que hoy lleva su nombre. En el interior del velódromo, un museo dedicado al ciclista, permite revivir sus legendarias hazañas en aquellos lejanos Juegos Olímpicos de América.
La historia
Nonno Attilio no es un extraño. Aunque han pasado muchos años, permanece su nombre en la historia del deporte italiano, tallado en el mármol del Memorial Colyseum Stadium de Los Angeles. Attilio Pavesi fue, de hecho, medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1932, ganando la carrera de ciclismo de ruta individual (la prueba a cronometro en la distancia de 100 km) y contribuyendo a la otra medalla de oro otorgada a Italia por equipo.
Los de 1932 han pasado a la historia como los “Juegos Olímpicos de los italianos” por el abrumador segundo lugar en medallas obtenidas por ese país, después de Estados Unidos: una cosecha de éxitos – 36 medallas, a partes iguales entre las de oro (12), plata (12 ) y bronce (12) – que coincidió con el momento de mayor acuerdo con el régimen fascista, donde los reflectores mundiales de Los Angeles ofrecieron una enorme publicidad.
Recibidos por Mussolini al regreso de los EE.UU. y puestos como un ejemplo para la juventud masculina itálica, estos atletas contribuyeron con sus victorias a poner una buena imagen del régimen ante el gobierno estadounidense, antes de que la relación desmejorara definitivamente con la guerra de Etiopía y el acercamiento de Mussolini a la Alemania nazi. En casa de los nuevos amigos alemanes, a los Juegos Olímpicos de Mónaco en 1936, los italianos llegaron solo al cuarto lugar en la clasificación por naciones.
De Attilio Pavesi se cuenta que, habiendo recibido – como todos los atletas- el telegrama de Mussolini que lo instaba a la victoria, y convencido de haber sido el único destinatario de ese mensaje, hubiese dato su alma para llegar al escalón más alto del podio, ya que sentía sobre ‘si los ojos del Duce. En efecto, Attilio es convocado a las Olimpiadas como reserva porque – cuenta su nieta Regina- “durante la competencia de clasificación preolímpica, que tuvo lugar en San Vito al Tagliamento en junio de 1932, mientras estaba a la cabeza, una espectadora que intentaba refrescarlo le lanzó el agua con el balde, haciéndolo caer. El nonno llegó así sólo al quinto lugar, pero su desempeño fue igualmente bien calificado”.
“Partió de Napoli – continua Regina – el 3 de julio de 1932 con el barco Biancamano, junto a los otros atletas. Llegó a New York el 12 de julio, donde fue recibido por el Intendente Fiorello La Guardia, y desde allí a los Angeles, luego de un viaje en tren que duró cinco días. El 14 de agosto conquistó el título olímpico de la carera en calle, cubriendo los 100 km a cronometro en dos horas, 28 minutos y 5 segundos, con un promedio sorprendente de 40,514 km/hora. Fue el primer piacentino en recibir la medalla de oro en las Olimpiadas”.
Algunos años después, Attilio Pavesi atravesó nuevamente el océano para dirigirse esta vez a la Argentina donde un turinés había organizado la carrera “Seis días de Buenos Aires”. “El nonno se encontraba en Argentina cuando estalló la Segunda Guerra Mundial – cuenta la nieta Regina – no había buques para regresar a Italia y entonces se quedó allí, estableciéndose en la ciudad de Saenz Peña, donde abrió un negocio de bicicletas y simultáneamente organizó distintas carreras de ciclismo”.
A los 93 años Attilio Pavesi regresó a Italia, y fue alojado en una residencia de reposo en Caorso, su ciudad natal. Permaneció allí desde julio a diciembre, y luego regresó a la Argentina, donde vive hoy en una residencia geriátrica no lejos de sus nietas.
“Él siempre piensa en su Caorso y en sus familiares y conocidos, que en diversas ocasiones ha podido visitar – dice Regina. Y piensa también en hacer alguna pedaleada en las colinas piacentinas. El nonno nos ha trasmitido el amor por su tierra natal: mi hermana Vittoria y yo somos estudiantes universitarias y frecuentamos cursos de italiano desde los doce años. Él siempre ha amado el deporte, y si bien los años han pasado, las emociones vividas están siempre custodiadas en su corazón”.
Es importante mencionar que Attilio Pavesi , además del oro olímpico, consiguió el Gran Premio de la Victoria de Milan en 1928, la Copa Parolini en 1930, la Copa Caldirola en 1931, el cuarto lugar en el “Giro del Piemonte” en 1931, el segundo lugar en el “Giro dell ‘Umbria”y en el ‘” Giro i Sicilia”, y el cuarto lugar en el “Giro di Lombardia” en 1936. (Inform)